Cadáveres
ambulantes
Dios
dice en el Apocalipsis: "Conozco tus obras, tienes el
nombre de viviente, pero estás muerto" (3,1).
Y San Agustín lo dice así: "Se sabe que
muchos llevan almas muertas en cuerpos vivos".
¿Por
qué muchos viviendo están muertos? Sencillamente
porque sus almas están muertas por el pecado. Sabido
es que el pecado mortal, se llama así, porque da muerte
al alma del que lo comete.
El
pecado es la muerte del alma inmortal, muerte que deja al
hombre vivo, y a la que ni la muerte del cuerpo ni la eternidad
ponen fin. Es la segunda muerte, la peor de todas... El alma
es la vida del cuerpo, y la gracia es la vida del alma, y
¡cuántos la pierden!
Entre
los pecados que se cometen, el más extendido y el que
más estragos hace en la juventud, es sin duda el de
impureza, y por eso me muevo a daros un toque de alarma para
que no sigáis siendo cadáveres ambulantes, y
abriendo los ojos a tiempo, reconozcáis los gran des
males que encierra este vicio, y tengáis presente los
medios, que debéis poner para veros libres de él,
y así no tengáis que llorar toda la vida y por
toda la eternidad vuestra desventura...
"Todos
los caminos y carreteras tienen curvas peligrosas y pasos
difíciles; el chofer alocado que no quiera precaverse
de tales peligros, ni frenar a tiempo, corre riesgo de precipitarse
a los barrancos y de quedar destrozado o muerto trágicamente.
Eso mismo le acontece -en un sentido moral- a todo el que
no quiera poner freno a sus pasiones, en las circunstancias
peligrosas de su vida juvenil, falta de experiencia, mal inclinado
a los vicios, atraído por las engañosas seducciones
del mundo, del demonio y de la carne. Llega la hora fatal
del peligro, no pone cuidado, desatiende los saludables consejos,
fiase de sí mismo, se abalanza temerariamente, no frena
sus impetuosas pasiones y rueda al abismo de su perdición...".
Autor: P. Benjamín Martín Sánchez, Profesor
de Sagrada Escritura
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