|
Conversaciones
con el Señor
Humildad
Estoy ante Ti, Señor
Dios, un pecador. En todos los reinos de Tu creación,
nadie es más desmerecedor de Tu amor que yo. . . Esto
es por lo qué me atrevo a acercarme a Tu Presencia. .
. Tu poder es mayor en la debilidad. Tu amor es más gratuito
con el ingrato y Tu misericordia más sublime con el indigno.
Esperanza
Mi Dios, eres mi
ancla en un mar tormentoso, mi serenidad en una noche ventosa,
mi esperanza cuando todo lo demás falla. Tu Presencia
me rodea como un escudo protector y cuando las flechas de mi
egoísmo Te atraviesan, Tus amorosos brazos se extienden
para alargar Tus manos y asir mi alma errante.
Separación
Me ha llevado mucho
tiempo rendirme a Tu Amor y Providencia. . . Descargar mis tensiones
en Tu serenidad, mis miedos en Tu omnipotencia y mi indiferencia
en Tu amor. Yo me aferro a estas debilidades como si fueran
tesoros. Mi alma clama por la libertad y el mismo Deseo por
alcanzar la liberación de la tiranía tiene a mi
alma prisionera de mí.
Anhelo
Yo no pido riquezas
que perecen o la fama que se desvanece como la llovizna de la
mañana. Yo sólo pido la libertad de un niño
de Dios, con una meta, un amor, un deseo de agradarte. Mi corazón
te anhela, ¡Oh Dios! Mi alma clama a Ti. Vivir sin Ti
es como un desierto desprovisto de vida y belleza. ¿Puede
ser que la arena seca y el calor abrasador purifiquen mi alma
y la limpien de todas esas debilidades que me hacen tan contrario
a Ti? ¿Debo vagar a través de la vida buscando
y encontrándote, solo para perderte de nuevo?
MADRE ANGELICA
|